El sociólogo Artemio López, director de la Consultora Equis, escribió sobre D Elía, en su blog rambletamble, y a mi criterio hizo un análisis certero. Por cierto, es también personalizado y seguramente lo conoce más que yo (que de hecho hablé dos veces con él) aunque en su trayector política, y en la propia, uno puede bifurcar senderos, siempre dentro del campo popular.
Esto dice la nota:
Délia no me agrada, no comparto casi nada de lo que hizo en su trayectoria política en general, y en particular me pareció poco digno su intento de partir la CTA avanzando sobre la conducción de Víctor De Gennaro alentado por su malentendido concepto de oficialismo, expansivo y un tando contumaz, digamos. Dicho esto , el tratamiento que recibe la figura de este dirigente en los medios y la repulsa universal que provoca su figura en las clases medias urbanas en general y en particular sobre las autodefinidas como de "centro izquierda o progresistas" , excede largamente la figura - menor - de Délia y muestra a mi juicio la re-aparición de un viejo sentimiento de mass media , refractario incluso a darle legitimidad política a las dirigencias sociales y menos aún, sindicales. Sentimiento profundamente aristocratizante de la práctica política del cual, por caso, la derecha nativa hace culto y experiencias progresistas como el FREPASO hicieron en su momento uso y abuso. Qué molesta tanto en D´elía que hace que su imagen negativa, su rechazo viceral supere ampliamente a la de cualquier gran empresario más o menos conocido por su cuatrerismo fiscal por caso o periodistas defensores de la derecha procesista o también políticos conservadores, responsables todos de la construcción de un país socialmente degradado donde, no casualmente los referentes sociales adquieran el perfil público de este dirigente hoy castigado con especial furia. Hay aquí, según intuyo un fuerte componente de rechazo viceral al protagonismo de dirigentes sociales en política, protagonismo que obviamente, como en todos los sectores sucede, está atravezado por claros y oscuros, plagado de contradicciones, idas y vueltas y también y frecuentemente de cierto oportunismo. En fin , por lo que se ve y escucha en estas horas, los buenos de la película vuelven a suponer que "un progresismo blanco es posible" y (ay!)no lo es.
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