21 may 2007

La izquierda, en el peor momento, cambia.


Es así: en el momento más fresco del Kirchnerismo, el más audaz, el más jugado, allá por el 2003 y 2004, Eduardo Aliverti le daba durísimo a Kirchner. Ahora, de a poco, va girando hacia posiciones más comprensivas, al ritmo del Credicoop.

Dice ahora:

Esta semana fue al respecto la más tensionada del año, si es por lo que se vivió en la sede de Dios: incendio humano por el tren, paro de subtes, colapso de tránsito, aviones en duda, un nuevo apagón. ¿Dónde queda el discurso de que estamos mejor? Pues en algún lugar donde estar mejor no significa vivir mejor. No puede haber milagros, por supuesto, ni Kirchner es mago, ni ningún gobierno lo sería. Pero hay una suerte de plácido descanso en la luna de miel de la reactivación de los grandes índices económicos, como si eso no despertase el choque con trabajadores que quieren ganar a tono con el palabrerío oficial, y con ciudadanos que se hartan de ser de tercera en el trato diario, y con marginales a quienes no se les demuestra que vale la pena esperar otro destino.
¿De qué hablan los medios, en cambio? De violentos, de paros salvajes, de activistas, de lúmpenes. La derecha –porque los grandes medios son eso, la derecha– no puede saltearse avivar ese “peligro”, pero, claro, en lugar de entrarle al kirchnerismo por la contradicción entre postulados y redistribución de la riqueza, lo hace desde su ausencia de “calidad institucional”; desde el autoritarismo presidencial; desde todo eso que a la mayoría le importa tres pitos porque ha sido lo que siempre usó ella, la derecha, para justificar golpes de Estado, tortura, desapariciones, desestabilizaciones.

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