
Mientras un resfrío de paradero desconocido, dado que en invierno cualquiera se resfría, pero el médico se empeña en regularnos la vida con esa prepotencia de los sanos y esa obsesión por negar la muerte, mientras todo eso acontecía, escuchaba la radio. No porque no quiera estar al tanto de la versión bizarra de Gran Hermano ni qué pasa con el caño y Tinelli, sino porque ni tele podía ver.
La radio es un medio de comunicación que exige mayor esfuerzo que la televisión: las imágenes nacen casi de uno, o de uno que cree que es uno el que elabora esas imágenes, y hay más tiempo de reflexión y un poco menos (aún con Radio Mitre) de chistes bobos que giran sobre el sentido común porteño, tan sofisticados ellos.
Es interesante observar cómo se aúnan periodistas y oyentes con ganas de ser escuchados para tratar la cobertura de estas elecciones porteñas. Una elecciones donde sobreabundan las propuestas, con pocos matices de diferenciación y unas ganas de parecerse a Europa, o a lo que los porteños imaginan que es Europa que dan asco. Por cierto, los porteños, habitantes creídos muy sofisticados, no paran de hablar del lastre de ser el candidato del Kirchnerismo que, obviamente, es la antítesis de lo sofisticado. Aunque esa pesada mochila -el kirchnerismo- esté conducida por el tipo de mejor imágen de la ciudad de Buenos Aires, según comentaristas de ocasión es un pesado lastre de sobrellevar en esta, que la gran campaña del Gran hermano.
Como en Gran Hermano, oyentes y opinólogos, están de acuerdo en que es horrible, mediocre, con poco nivel. Así como Gran Hermano es unánimente considerado una porquería, pero arrasa con las mediciones de audiencia, los tres candidatos principales tienen -según este lugar común- pocas propuestas y, por si fuera poco esas pocas, alejadas de las preocupaciones "de la gente". La gente, esa entelequia definida por los propios interesados, seguramente espera propuestas en el área científica, tecnológica, en las áreas de seguridad, limpieza y tránsito. Y aunque los candidatos no paren de hablar de esas cosas, a "la gente" no le llega el mensaje.
Medio entreverado es este razonamiento cualinquista, que parte de varias premisas falsas.
La más evidente es que el político está obligado a llegar a "la gente" y no "la gente" a la política, ya que la política es algo contaminante pero receptora de las más variadas demandas, y el político se beneficia de la política más que "la gente" de la misma. Como la política, dice esta premisa, es inherente a la corrupción -y no la corrupción a la política- todo lo que esté en las antípodas de la política está en las antípodas de la corrupción.
Otra de las premisas es que el electorado porteño es tan sofisticado que no vota partidos, sino personas.
Esta premisa es tan irrelevante y tonta, tan inútil de debatir como los debates de Gran Hermano, que llama la atención dicha por gente seria.
La radio, como medio para seguir la campaña porteña, revela mucho, además, de ese gran problema nacional que son los porteños: todas las áreas en discusión, de gran sofisticación como la seguridad, el tránsito, y la basura, dependen del dinero que traga del resto del país. Sin embargo, abundan los ejemplos de ciudades Europeas, países desarrollados y abstracciones de este tipo que no hacen sino mostrar la cara más reaccionaria de esta ciudad. No por nada, la derecha más bruta, las más peligrosa y salvaje aparece ahí encabezando las encuentas. Ni siquiera es un conservador lúcido, sino esa derecha que se piensa a sí misma como "primermundista", lo mismo que creen los que nos miran con piedad a través del túnel del tiempo a los que vivimos en feudos con caudillos, los que votan a esa derecha salvaje: los sofisticados. Ellos no tienen que lidiar con conservadores lúcidos que se adaptan a las circunstancias, como nuestros señores feudales, sino con el empresario, el periodista (ex embajador de Menem en Cuba, ex SIDE, ex vocero de Duhalde) y el profesor (ex jefe de asesores de Susana Decibe, ex secretario de educación de Grosso) que representan partidos como PRO, o coalisiones como Más Buenos Aires y Todos por Buenos Aires o Diálogo por Buenos Aires y Frente para la Victoria. Qué suerte ser tan sofisticado, lástima que vengan los negritos del interior a usarnos los hospitales, las rutas y las escuelas que se pagan con la plata del gobierno nacional!
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