21 sept 2008

El límite del cientista político.


Un relato polìtico se nutre de muchas vertientes, algunas, sino la mayoría de las cuales, detestan la política. El arte, en general, por ejemplo. Los deportes, también. La farándula, además. ¿Se puede meter en un relato político a la Coca Sarli? ¿Parece muy extremo el ejemplo? La semana pasada, el senado de mi provincia hizo un homenaje a la Coca Sarli. Ni fui ni se que se dijo y ciertamente no me importa, tampoco, me parece de cuarta. Y que digan lo que quieran, son los mismos argumentos por los cuales, dentro de 60 años se podrá defender un homenaje de los senadores a Agustina Keyra (que si lo hicieran hoy, ponele). Cambio de pantalla, que quede tranquila allá la Coca.

Me acuerdo del Frente Grande, en el 93, en una marcha en Rosario, en determinado momento –aunque ahora dudo si fue en Rosario o fue en Buenos Aires- los bombos (sí, hubo un momento en el que usaron bombos) empezaron a acompañar el canto maradooooona, maradooona.

El relato político puede nutrirse de vertientes disímiles, antagónicas incluso, porque es uno de los principales relatos legitimadores, aunque haya perdido supremacía. Así que los engulle, los resignifica, y los recrea o destroza.

No será ésta la cornisa por la que, más allá de reconocer el proceso de incorporación de variables científicas a muchas disciplinas sociales en general y a la política en particular, en tiempos recientes, no será decía esta la cornisa que explique porqué sin embargo la política sigue dominada por profesionales liberales, más que por profesionales específicos.

Pienso en algunos amigos que se dedican, de modo profesional, a la política. Que son dirigentes políticos, más no cientistas. Algunas veces, aunque yo no puedo ir al hipódromo porque me revienta ver que hasta un caballo termina una carrera y yo no, me consultan, sobre tal tema, x, porque yo leí el libro de x y el político no, ni va a leerlo ni tiene ganas siquiera. Lo que yo diga, enseguida, es transformado a otro registro, sin especulaciones intelectuales. Y, en general, les funciona. Si yo fuese Licenciado en Ciencias Políticas me sentiría un pelotudo. Pero nunca me recibí de nada para no sentirme un pelotudo (qué buena razón: espérenme un segundo que la llamo a mi madre para explicarle todo de nuevo).

Hay un registro distinto entre un cientista político (y me refiero así, para no plantearlo más general: entre quienes piensan la política; porque en el medio, está el aparato legitimador de la universidad, del, entonces, propio estado) y un político profesional, y esto no es ninguna novedad. Qué cagada, porque yo andaba confuso pensando justamente esto. Pasa que ahora me di cuenta que lectores tan avispados, no se comen el cuento: claro, es la vieja viga weberiana, maquiavélica, marxista, gramsciana, que separa al intelectual del político. Cosas que no nos importaban cuando éramos leninistas, cosas que, además, leímos y olvidamos, de paso y, creo ahora, en buena hora.

Igual, yo venía pensando en cierto registro, cierta cosa que no es ni el carisma, ni la ética de la responsabilidad, ni una valoración ética mayor o menor, ni el pragmatismo, no es eso, aunque también es eso: cierto registro irracional, cierta intuición de cómo se hace, cierta cosa que está ahí, se obstina siempre en desafiar pronósticos, y sabe con el olfato, qué parte sirve y en qué momento del aparato teórico a disposición. Algo así, que no tiene nombre. Un toque de Benjamín, sin haberlo leído, sin adoptar la misma pose, algo así. Ponele.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Ojo con la Coca. Ella si que era la representante mas fiel del Muy Lindo Todo.

Mendieta dijo...

Un toque de hambre, una pizca de voracidad, dos cucharadas bien grandes de decisión. Y algo que diferencia -llegado el momento- dos grandes ramas culinarias de los politicos: aquellos que desean ser amados y aquellos que desean ser temidos.
Saludos

Anónimo dijo...

uno es acción, pura adrenalina, de manera brutal o refinada el político hace la historia, los otros observan, analizan, escriben, claro que a veces, hay quien puede sintetizar las dos cosas, entonces el plítico se convierte en estadista

Ana C. dijo...

Ah, me parece que Mendieta tiene una de las claves. El día que haya más políticos muertos de amor que de miedo a lo mejor mejora la cosa.

G dijo...

claro... pero qué piola... ¿cuántos Benjamins existieron, existen o existirán? Ese registro del que hablás es una suerte de confluencia de múltiples factores, de los cuales, según mi humilde entender, carecen a la par intelectuales y políticos hoy día. Pero qué se yo...

Anónimo dijo...

ehhhh?? No se entiende nada lo que escribe Lucas Carrasco

Eva Row dijo...

El asunto es cómo se llega a hacer política. Mucho más que de títulos, es cuestión de vínculos. Es un tema muy interesante Lucas. Lo que no pasa cuando alguien se recibe en Ciencias Polìticas es que lo está esperando un cargo. No, no es así. Un tipo que estudia Cs Polìticas tiene que estar militando y disputando un lugar en la militancia. Militar y aprender polìtica real, a negociar màs que nada, y a hacer relaciones. La política es 99 por ciento práctica polìtica, lo que no se aprende en la universidad. El conocimiento académico sirve para agregar elementos teóricos a la práctica. Creo.

Anónimo dijo...

carrasco... quizas se se fuma un churro escribe mejor

Anónimo dijo...

Primero quisiera decir que acuerdo en que, a veces, la forma de escritura del Sr Carrasco resulta dificil de seguir. Por lo tanto, tal vez esta intervención esté guiada por el error, por lo que pido de antemano disculpas.
Leyendo la entrada y algunos de los comentarios, sobre todo el de Eva, me surgen algunas notas. Soy profesor en la carrera de Ciencia Política en la UBA y pasan por mis clases más de cien estudiantes por cuatrimestre, por lo que tengo una muestra del estilo y de las tendencias que van llevando y de cuales pueden ser sus posibilidades de futuro. La primera impresión, desfavorable, es que la inmensa mayoría no tiene ninguna relación afectiva con lo político en tanto actividad. Que quiero decir, ya no es que no militan o no tienen interés en algún partido en especial, sino más bien que desprecian la política. Ahora bien, en tanto además de estudiantes son ciudadanos de este bendito país, nadie, al menos yo no, está en condiciones de juzgar eso, pero si me puede llamar la atención. Por otro lado ocurre algo relacionado con lo que menciona Eva, es decir, la convivencia de militancia (de algún modo hay que llamarlo) con el estudio ( o más bien la permanencia temporal en la Facultad). MI experiencia de los últimos años indica que, aquellos militantes del Kirchnerismo en alguna de sus versiones que pasan (rozan) la facultad, aún siendo unos más que prudentes al momento de tomar los libros, terminan como funcionarios de jerarquías medias o incluso altas en un tiempo sorprendente. En síntesis, pasaron por mis aulas alumnos sugerentemente malos (aunque campechanos, amigos del abrazo facil) que al cabo de un año calendario son directores, asesores prestigiados o algo más.
Ahora bien, aquí el problema, como siempre, es de las referencias, alguien tiene que tener la responsabilidad suficiente como para formar, acompañar y dotar de racionalidad a aquellos que se vinculan con lo público, de otra manera terminan pagando por exceso quienes de algún modo, y por un tiempo, son también victimas de uns sistema desvirtuado y perverso.

Anónimo dijo...

liberal argentino: como vos mismo decis, con respecto a la prosa de de Lucas, me resulta difícil seguirte, es decir, no sé si he entendido bien lo que queres decir, entonces pido también disculpas por anticipado con respecto a mi posible error de apreciación.
vos hablas de un cuatrimestre como si ese lapso de tiempo fuera suficiente para llegar a conocer las aspiraciones políticas o no de un alumnado, que se me ocurre numeroso, más aun, haces un analisis con respecto a sus cualidades o no, y me llama la atención el énfasis que pones en dectectar a militantes Kirchneristas, también decis que estos militantes, en general, son malos alumnos, lo cual no significa, a mi entender, que resulten, por esa razón, necesariamente malos dirigentes políticos, de lo contrario estaríamos limitando la participación política al ámbito académeico, lo que no condice con el accionar de una república democrática, estoy pensando en algunos presidentes de paises limítrofes, por ejemplo, esta idea la refozas hacia el final de tu comentario cuando decis que alguien tendrá que educar, formar etc, a aquellos que se vinculan con lo público, y si lo unimos a lo anterior, y dado tu condición de profesor universitario, pienso que ese "alguien" al que te referis es ese ámbito, el académico,puede que mi análisis no sea correcto de ahí mi pedido de disculpas anticipada, pero si es así, me parece que eso limita y excluye, es como creer que todos los escritores deberán salir de filosofía y letras, por ejemplo.

Anónimo dijo...

quiero aclarar que lo de la prosa de Lucas, es a modo de ejemplo, por lo general y en lo personal, no tengo problemas en comprender lo que escribe Carrasco, más aun: en algunos post ha llegado a emocionarme

Unknown dijo...

Mauri, y dle ¿qué quiere usted de mi?

Mendieta, excelente tu post de artepolítica, muy recomendable.

Somos la rabia: dónde está ese que sintetize, ese Lenin, hoy? esa es la clave.

Ana c: yo no creo que la clase política sea mucho peor que la propia sociedad.

Gra: puede ser, pero también pienso que, como es la historia la que estas cosas juzga, difícil emitir juicio tan tajante hoy, sobre nuestro tiempo.

Anónimo, menos mal.

Eva, sí, así es.

María Juana, no creo.

Liberal, es interesante tu apreciación, aunque desacuerdo y me parece elitista. Con respecto a como escribo, es otra cosa. No sé si tengo ganas de contestarte eso.
Bah, ahí leo que te contestó somos la rabia. Eso mismo diría yo.